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Pie diabético:

El autocuidado es la clave

  • Si usted es diabético, sepa cómo cuidar sus pies para prevenir riesgos mayores.

Se estima que al menos 1 de cada 5 pacientes diabéticos (20%) se hospitalizará por pie diabético alguna vez en su vida. De hecho, el pie diabético es la complicación de salud que mayor número de hospitalizaciones motiva en la población diabética y la principal causa de hospitalización prolongada. Según el Censo 2017, en Chile alrededor de un 12% de la población es diabética.

Es también la primera causa de amputaciones mayores de origen no traumático y se calcula que las personas diabéticas presentan un riesgo 10 veces mayor respecto a la población general de requerir una amputación, con tasas que alcanzan a 2,8% del total de ellos. (Fuente: http://www.ssmso.cl/protocolos/NormaClinicamanejointegraldepiediabeticoMinsal.pdf)

Para los cirujanos vasculares y también cirujanos generales, las estrategias para disminuir el número de amputaciones incluyen prevención, educación de pacientes y prestadores, tratamiento multidisciplinario de las lesiones del pie diabético y monitoreo. Las intervenciones basadas en la historia natural de la enfermedad, con prevención en distintos niveles, ha demostrado reducir las amputaciones hasta un 85%.

Qué es pie diabético

Se define como pie diabético a cualquier lesión en el pie de personas diabéticas, que básicamente va desde callosidad y úlcera, pasando por el mal perforante plantar, celulitis y absceso hasta gangrena y úlcera isquémica. Puede presentar formas muy variadas, en base a tres elementos fundamentales: NEUROPATÍA (alteración neurológica), ISQUEMIA (deterioro de la irrigación) e INFECCIÓN, y el desarrollo de estas tres condiciones es fruto de una diabetes mal cuidada.  Este cuadro provoca un fuerte deterioro en la autovalencia, productividad y funciones psicosociales de los pacientes.

En términos generales, podemos diferenciar pacientes diabèticos que presentan las siguientes características:

  1. Sin lesiones, es decir, un pie en riesgo, con alteraciones sensitivas al test del monofilamento.
  2. Paciente con pie diabético no isquémico (sin falta de irrigación).
  3. Pacientes con pie diabético asociado a falta de irrigación, situación que cae en la categoría de isquemia crítica; es decir, que si no se reestablece el flujo arterial prontamente, hay riesgo de pérdida de la extremidad.

Se excluyen aquellas lesiones ulceradas originadas en patología venosa (úlceras varicosas) y las secundarias a traumas con lesiones en otras áreas de las extremidades inferiores (pie o pierna).

Las lesiones del pie diabético se distribuyen en dos grandes grupos básicos: neuropático (60% de los casos) e isquémico (10%). Ambos requieren de manejo médico prolongado para obtener su cicatrización. Existe otro grupo denominado “neuroisquémico” (30%), en el cual coexisten las alteraciones neuropáticas e isquémicas, manteniéndose como asintomáticos en lo vascular (compensados) mientras no existan lesiones, pero una vez iniciadas las mismas se comportan como isquémicos, pudiendo requerir manejo de revascularización para su cierre. Se calcula que la Enfermedad Arterial Oclusiva de extremidades (EAO EEII) es un factor que complica más del 60% de las úlceras del pie diabético.

El paciente de alto riesgo:

Se define como de alto riesgo aquel paciente diabético que presenta:

  • Neuropatía periférica (muy frecuente producto del mal control de la diabetes)
  • Enfermedad vascular periférica (más frecuente en hombres, mayores de 60 años y sobre todo en fumadores)
  • Retinopatía, amaurosis o nefropatía diabética (también son dependientes del mal control crónico de la diabetes)
  • Ulcera activa o amputación previa cicatrizada
  • Rasgos de personalidad incompatibles con la adherencia al tratamiento
  • Otros: edad mayor de 60 años, sexo masculino, nivel socioeconómico bajo, antigüedad de la diabetes, vivir solo.

Se recomienda un enfoque multidisciplinario para las personas con lesiones en  los pies y las clasificadas como de alto riesgo, especialmente aquellas con historia de ulceración o amputación previa.

La prevención:

El Ministerio de Salud recomienda que todo paciente diabético debe ser evaluado de los pies al menos 1 vez al año. Cuando el paciente ya presenta algún factor de riesgo (neuropatía, enfermedad vascular, amputaciones etcétera) debe ser evaluado al menos cada 3 meses. Es importante tener presente que la ausencia de síntomas no significa tener los pies sanos.

Un correcto diagnóstico de las complicaciones del pie incluye tanto una correcta anamnesis como un profundo examen físico. En conjunto, dan el 80% de certeza diagnóstica. La radiografía de ambos pies y la resonancia nuclear magnética, permiten un acercamiento más exacto del compromiso óseo e infecciones de las lesiones encontradas al examen clínico.

Más allá del diagnóstico preciso, ¿qué puede hacer el paciente diabético para prevenir complicaciones que puedan derivar en amputación? Las siguientes recomendaciones específicas son útiles para la prevención de lesiones en el pie del paciente diabético:

  1. Revisión diaria de sus pies, ojalá por un familiar con buena vista y con buena iluminación, para detectar lesiones ampollosas, maceraciones o escoriaciones interdigitales (a veces los diabéticos por su propia retinopatía no ven bien, por eso la recomendación de que esta inspección sea realizada por otra persona y no por usted mismo/a.).
  2. Utilice un espejo para la inspección de la planta y talón.
  3. Lave los pies diariamente con agua tibia y jabón durante cinco minutos. Secar muy bien, sobre todo entre los dedos.
  4. Mida siempre la temperatura - por ejemplo, con el codo -, para asegurarse de que está tibia. Nunca use agua caliente
  5. Mantenga la piel hidratada y suave: aplique siempre crema hidratante después del baño.
  6. Corte las uñas de forma recta y límelas suavemente.
  7. Nunca corte o manipule por sí mismo las uñas encarnadas o callosidades y solo acuda a podólogos que trabajen en un servicio de diabéticos.
  8. Use calcetines de algodón, ojalá con fibra de cobre y no sintéticos.
  9. Proteja los pies del frío y del calor. Nunca utilice bolsas de agua caliente o almohadillas eléctricas para calentar los pies.
  10. Nunca camine descalzo. Utilice zapatillas amplias en lugares como playa o piscina.
  11. Antes de ponerse los zapatos, revise con la mano su interior, para detectar resaltes, costuras con rebordes o cuerpos extraños, que deberán ser eliminados,
  12. Utilice calzado cómodo y evite los de material sintético.
  13. El calzado idóneo es aquel que cumple las siguientes condiciones:
  14. – Absorción de la carga mediante plantillas elásticas.
  15. – Ampliación de la carga por distribución de la presión en mayor área.
  16. – Modificación de zonas de apoyo conflictivas.
  17. Por tanto:
  18. – El calzado debe ser siempre muy profundo y ancho.
  19. – Cuando no existe deformidad se asociará a plantillas blandas, para distribuir la pres    ión.
  20. – Si existe deformidad se asociará a órtesis rígidas, para disminuir y distribuir las presiones anormales.
  21. Las zapatillas de deporte que tengan estas características son las más adecuadas para los paseos.
  22. Y, muy importante, notifique a su especialista la aparición de hinchazón, enrojecimiento o ulceración, aunque sea indolora.

SOCHIVAS le recomienda: Consulte siempre con un Cirujano Vascular acreditado y certificado.

 

 

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